domingo, 5 de octubre de 2008

Desde Aquel Día.

Llegó un día en que comenzaste a dudar de tus padres. Hasta aquel día todo parecía estar bien: podías confiar en ellos y en cada una de sus palabras. Pero ese día descubriste una que otra mentirita, y todo empezó a venirse abajo. Al final, tus viejos no son perfectos. Quizá, lo mejor sería decir que son inconsistentes, incoherentes. Pudiste experimentar lo que hasta ese día era sólo teoría. Luego, llegó a tu mente una cuestión: "¿debo confiar en todo lo que dicen mis padres? Si he demostrado que mienten y se equivocan, es muy posible que lo hagan nuevamente".

Y a medida que pasaron los días, todo pareció ir de mal en peor. No sólo porque estaba "todo mal" con tus viejos, sino que con prácticamente todo, y no sabías por qué. Quizá hayas culpado a tu cara por tu descontento, ya que cada día aparecían dos granitos más. Obviamente eso no te gustaba, porque tus compañeros de curso se burlaban. Se sentían con el poder de hacerlo por tener por lo menos cinco granitos menos. Intentaste hablar de este tema (y otros) con tu padres, pero ninguno entendió NADA, como era de suponer desde aquel día. Rápidamente pudiste o creíste encontrar la razón: "son adultos; hace muchos años tuvieron mi edad pero ahora no recuerdan; o seguro que no saben qué es vivir en el siglo 21. Ellos no tenían internet, ni fotolog, ni espacios personales... ni siquiera computadoras! No tenían cámaras de fotos digitales como nosotros, y no pueden imaginarse lo que es verse horrible en cada foto!". Por lo tanto, tus viejos no pudieron darte soluciones considerables, más que muchas visitas al dermatólogo y levadura de cerveza.

Día a día, todo pareció ir cuesta abajo. Porque ya no era sólo el acné, sino la soledad. Cada día te sentías más solo y más diferente. Quisiste integrarte a la sociedad, ser reconocido, pero a la larga fracasaste. Luego te mentiste a vos mismo pensando que nunca lo habías intentado. Y para hacerlo aún más insoportable, tus viejos no comprendían absolutamente nada. De tal continua decadencia, pudiste extraer la idea de que algún día todo iba a terminar... pero mal. Por lo tanto, pensaste en aguantar unos días hasta que todo se vaya al diablo, y listo! Fueron tus primeros pensamientos de suicidio.

Cuando faltó muy poco para el final, ocurrió lo inesperado. Un típico deus ex machina surgió desde lo más imprevisto para salvar tu vida. Alguien o algo lo trajo hacia vos de milagro, y lo sentiste. Fue algo muy similar al abrazo de una madre: te regaló todo el consuelo que quisiste. Creíste en la existencia de esta entidad desde ese momento, más que nunca. Desde aquel nuevo día, parece que has llenado un vacío. Si me doy permiso de opinar, creería que él llenó el agujero que ha dejado la partida de tus viejos. Además, pienso que necesitabas llenar ese vacío, si no hubieses perecido. Estuviste cerca de terminar tu período de adolescencia, y a punto de encontrar madurez y libertad de pensamiento.

Lo que pareció una inminente derrota, no lo fue. De hecho, la guerra contra la oscuridad y la incertidumbre pareció ganada. Hoy en día, cualquiera de tus problemas parece solucionarse de la misma manera: consulta con él, que él te dará la respuesta. Ya eres adulto, y te consideras maduro. Él te ha liberado, pero al mismo tiempo cuida de ti, lo que hace que las condiciones sean perfectas. Has reemplazado a tus padres por un padre más poderoso, y le has llamado "Dios"; ¿no era obvio?

Cuando era niño, solía pensar que era libre, porque no tenía responsabilidades mayores y porque podía salir a la calle a jugar con mis amigos casi siempre que quería. Además, no tenía que preocuparme por fantasmas o monstruos, porque mi mamá estaba siempre cerca. Pero un día me pasó lo mismo que a vos y tuve que buscar otros caminos. Creo que si un ser consciente es prisionero, tiende a la revolución, por lo que la rebelión llega tarde o temprano (a menos que esta sea interrumpida por la muerte o la locura). No importa qué tan esclavo seas, basta sólo un poquito. Eso fue lo que nos pasó, a vos, a mi y a mucha gente.

Pero, ¿eres realmente libre? Seguro llegará el día en que tu nuevo padre se vuelva inconsistente, incoherente.

2 comentarios:

CaRo dijo...

Ya no era el acné sino la soledad.

Eso particularmente me tocó..

Ya no eran los "dientes de cospel", sino la soledad, se aplica más a mi caso.. :)

Sugiero que no revises tanto los textos antes de publicarlos, arriesgate a que estén bárbaros o den asco, pero que sean cosas no tan pensadas, sino que salgan de lo más profundo de tu subjetividad.

Muy bueno.

Saludos,

CaRo.-._.-.

kernel83 dijo...

Me gusta que las cosas queden más o menos bien. Hoy cambié, y me permito corregirme... eso de no cambiar lo que hago o pienso (valga la redundancia) quedó en mi pasado; he probado que no funciona. Por eso reviso los textos y los corrijo... en estos casos, trato de hacerlo lo menos posible, pero hay cosas que no se pueden omitir.

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